30 ene. 2015

La Pequeña Princesa


























Había una vez una pequeña niña, quien creía fervientemente que ella era una princesa, que como en muchos de los cuentos de hadas, haba sido alejada de su castillo por algún maléfico villano que solo quería verla sufrir.

Solo existió una ocasión en su vida cuando menciono de manera pública sus pensamientos, delante de todo su salón de clases del tercer grado del jardín de niños, lo dijo de corazón, sin ánimos de presumir, pero si para dejar salir su sentir. El resto del salón no lo tomo con la seriedad que ella esperaba, se burlaron y rieron de ella hasta que el olvido gano la batalla.
La niña se defendió en distintas ocasiones, uso las palabras como su único escudo y dejo que ellos se quedaran solos con sus ideas y burlas.


En casa ella realizaba todas las tareas que le encargaban, incluso sacar la basura y limpiar los platos de los fines de semana, sin quejarse y sin chistar, simplemente lo hacía, pero deseando muy en su interior que un día llegara alguien diciendo y gritando de alegría “que ella era la princesa”, que “por fin habían encontrado a su princesa” y que a partir de entonces ella seria tratada como correspondía. Pero los días pasaban y esa persona no llegaba. Poco a poco la niña fue dejando de creer tan ferviente en ese sueño, comenzó a pensar que después de tanto tiempo tal vez en aquel reino ya se habían cansado de buscar a su princesa. Continuo su vida sin un sueño al que aferrarse, su cuarto paso de un tierno rosa pastel a un frio gris pálido y la curva de su sonrisa se convirtió en una simple línea recta que adornaba su cara.
Al pasar los años ella fue olvidando aquel sueño de su infancia, se convenció a si misma que no era otra cosa más que una persona ordinaria y sin chiste, que solo había llegado a este mundo para ser un punto más en un mar de gente sin un propósito alguno. Se dejó llevar por esos pensamientos, vivía en la rutina del día a día, dejo de importarle en absoluto lo que los demás dijeran, fuera positivo o negativo, simplemente no le importaba nada, dejo de defender aquel sueño que cuando niña había sido su inspiración para seguir adelante. Los colores dejaron de tener vida ante sus ojos, ya todo parecía gris y apagado.


Así siguió, cada día era exactamente igual que el anterior, sin ningún cambio en lo más mínimo, hasta que un día, un curioso se acercó a su vida. Siempre tenía preguntas tontas de todo tipo y contando chistes para hacerla sonreír, pero la línea recta simplemente no se movía de lugar. Era algo extraño para ella, normalmente todos se terminaban alejando al ver cuán apagada podía ser, estaba acostumbrada a eso, pero él seguía insistiendo, todos los días con alguna novedad u objeto extraño para mostrárselo, con sus preguntas y sus chistes.
Se había decido, ese día lo sacaría de su vida, le diría que la dejara en paz, que no había motivo alguno para que el continuara con lo mismo. Pero un instante antes de hacerlo un pensamiento corrió por su cabeza: "¿Por qué se esmera tanto?, ¿Por qué se esfuerza tanto en mí cuando nadie más lo había hecho antes?" Continúo con su paso decidido.


Él se encontraba sentado en una mesa al fondo del salón escribiendo algo en una libreta, lo interrumpió, pero en lugar de hacer lo que toda la mañana había planeado hacer, le dijo aquellas preguntas que recientemente habían invadido su mente. El chico levanto la mirada y la vio a los ojos antes de responderle.

-Siempre me has gustado, te recuerdo de niña cuando dijiste frente a todos de manera tan sincera, cuando creías con todo tu ser que eras una princesa y el cómo te defendiste ante los demás con tus palabras, el cómo defendiste aquel sueño. Yo aún veo a esa pequeña niña en tus ojos, a esa determinada niña que luchaba por sus sueños sin importar lo que los demás dijeran.

La bella durmiente despertó de su letárgica pesadilla. La sonrisa volvía a aparecer lentamente de entre sus labias, mientras él le continuaba diciendo.

-Nunca te dije nada, porque jamás me sentí que pudiera ser correspondido, pero yo ya no podía más, el ver como tu sonrisa se esfumaba y tú te apagabas con ella. Sé que no tengo un castillo, ni una corona para ofrecerte, pero de verdad deseo que te conviertas en aquella princesa que alguna vez dijiste ser.

Los colores volvieron a la vida, el corazón palpitaba acelerado. Una chispa le había devuelto la vida, sus sueños, esperanzas y emociones volvían a renacer. Lo único que había necesitado todo este tiempo era a alguien que creyera junto con ella en sus sueños, que le diera ánimos y que le dijera que creía en ella.




Escrito por: La pequeña Ale ;)
La que ama todos los colores 
01 / Diciembre / 2012

29 ene. 2015

En La Obscuridad



Tenía tanto miedo, me sentía perdida, me encontraba sola, flotando en la superficie de un mar de obscuridad y sin idea de que rumbo tomar. Estuve tentada a sumarme a ese mar, a rendirme y dejarme llevar hasta las profundidades de la obscuridad. Hasta que mis ojos notaron algo más, algo que siempre había estado ahí, algo que brillaba a pesar de tanta obscuridad.

La luna me regalo de su luz, me saco de aquel mar, y me arrullo. Ella paciente y amable me devolvió mis ilusiones, me mostró que a pesar de que todo parezca perdido siempre habrá algo por lo cual salir adelante. Gentilmente me devolvió la tierra, lejos de la obscuridad, para que continuara con mi camino.




La luna siempre estará para darnos luz en los momentos más difíciles y mostrarnos que siempre habrá un día nuevo para empezar de cero.



Escrito por Ale ;)
10 / Noviembre / 2012

28 ene. 2015

Relato De Otubre...



El reloj ya roto marcaba las 7 desde hacía ya demasiado tiempo. Un tazón con cereal a medio comer se encontraba sobre la mesa de la cocina, la leche de un tono verdusco, seca y agrietada, mientras que en los cereales todos batidos se encontraba una cuchara incrustada justo en medio, indicaban la ausencia de un dueño.

Puertas y ventanas abiertas de par en par, solo daban duda y sospecha, invitando a todos las hojas del otoño a entrar junto con una gruesa capa de polvo para cubrir todo.

Parecía que en algún momento fue una casa hermosa de familia, pero ahora todo se había convertido en abandono, los juguetes, libros, mochilas, suéteres, bolsos y maletines esparcidos por el piso.

Nada parecía encajar, una repentina desaparición de todo ser vivo, inclusive las calles se encontraban vacías, los coches a los costados de las calles, con las puertas abiertas, daban la impresión que algo había pasado.

Cada pisada sobre el frio pavimento formaba un eco ensordecedor, mientras que las ramas secas de los arboles iban a juego con el lúgubre ritmo de mis pasos. Ni siquiera un susurro, ni siquiera un suspiro, un silencio total en la espera de algún suceso.

Nada más que un gato negro en un árbol, es lo que pude encontrar, mirando tras cada paso que daba. Nuestras miradas chocaron en algún punto y nos quedamos viéndonos las caras durante un rato, creando preguntas mudas que jamás tendrían respuesta, hasta el momento en que bajo corriendo para desaparecer entre las casas lejanas, sin antes darme una ultima mirada.


Duda, incertidumbre y una soledad infinita comenzaban a llenar mis pensamientos, mientras que un frió viento me helaba hasta los huesos.

No entendía nada, todo parecía una pesadilla de la que no podía despertar.




Escrito por Ale ;)
24 / Octubre / 2012

27 ene. 2015

Relato De Un Soñador


Después de haber pasado varios días en el hospital, la hija mayor le pidió al médico que lo dejara ir a casa para que pasara el resto de sus momentos en un lugar conocido, el medico después de haberles dado la lamentable noticia de que ya no se podía hacer nada más por el pobre hombre, y habiéndoles explicado lo que les esperaba, acepto que se lo llevaran a su casa y así cumplir con los deseos de su familia. 
Su hija se llevó a su padre y lo sentó en su lugar favorito de la casa, la sala de trofeos, un lugar donde toda la familia había dejado orgullosamente todos esos premios que habían obtenido a lo largo de sus vida, algunos eran de la escuela, unos del trabajo, y algunos de deportes, pero el que más orgullo le daba a aquel hombre era la cabeza de cabra que colgaba justo a la mitad de aquella pared. 


Toda su vida había soñado con ir a un safari en África, y dar caza a los grandes animales, pero su querida esposa, que en paz descanse, nunca se lo permitió, siempre le dijo que era un deporte horrible y que jamás le permitiría hacer tal barbarie, pero años atrás, varios antes de la muerte de su querida esposa, ella hizo algo inesperado para todos. La cabra que había obtenido la familia en algún trueque, se había enfermado ya no se podía ni mantener en pie, ya no tenía remedio, la humilde mujer vio la oportunidad de realizar uno de los sueños rotos de su marido y aprovechando que estaba un poco chafado de la cabeza.
Lo saco al jardín y comenzó a relatarle con sumo detalle que se encontraba en África, describiéndole la sabana, el pasto largo y dorado como la paja, la sensación del ardiente calor y que el estaba justo en el safari con él que siempre había soñado y que justo delante de él se encontraba el más grande y majestuoso león que pudiera imaginar, con una reluciente melena y afilados colmillos, aunque la cabra soltó un gemido proveniente del terrible dolor que padecía. Él hombre tan metido en aquella fantasía solo escucho el rugir del temible león, tomo el arma que durante tantos años su mujer le había guardado bajo candado y disparo, justo entre los ojos, y liquidando a la bestia. 

Como regalo de aniversario de bodas, la mujer mando a disecar la cabeza de la cabra, para que el nunca olvidara que en algún momento de su vida había ido de cacería, como él tanto había soñado en sus años mozos. Fue su mejor y ultimo regalo de bodas antes de que su mujer se fuera. 


El hombre se quedó sentado en el sillón que daba directo a aquella pared durante varios días, no quiso comer ni levantarse, ni siquiera sintió necesidad alguna. Se quedó observando aquella pared fijamente, solamente con la compañía del reloj cucú contando cada segundo que pasaba. Sus preocupados hijos pasaban repentinamente de vez en cuando para ver si se le ofrecía algo, pero nada. No fue hasta el tercer día que la hermana mayor mando a llamar a sus otros dos hermanos para ver si podían mover de su sitio a su padre. 

Los tres entraron, la hermana mayor por delante y los otros dos siguiéndola, entraron despacio, casi sin hacer algún ruido con miedo de que reaccionara súbitamente al ruido, pero repentinamente les dijo: 

-Tráiganme mi rifle, hoy me voy a cazar. – Dijo el padre con una voz ronca pero firme. 

-Pero papá…- Le decía su hija mayor, mientras él la interrumpía. 

-El rifle. 

-Papá, nuestra madre lo dejo guardo bajo llave… - Dijo la hija de en medio, pero nuevamente con la frase a medias por la interrupción de su padre. 

-He dicho que mi rifle – Parecía que nada le quitaría la necedad. Pero al menos parecía más lúcido que los días anteriores.

Y antes de que cualquiera de las hermanas pudiera decir algo, el hermano menor fue él que se puso hasta enfrente y con una solo seña hizo callar a sus hermanas. Se posó a un lado del sillón de su padre, donde el pudiera verlo. Comenzó moviendo las manos, simulando que abría una especie de caja que nadie podía ver, por sus movimientos era una gran caja, movió los brazos para sacar el arma que tanto había pedio su padre, un rifle, intangible para todos aquellos con falta de imaginación. Lo desempolvo y lo reviso antes de acomodarla en su hombro e hizo dos disparos dirigidos a la nada, haciendo el sonido con la boca de cada uno de los disparos, y realizando el reflejo que se produce en el cuerpo por el disparo del arma. 

-Pum… Pum. 

Para después ponerla frente a su padre como que si quisiera que tomara aquel pedazo de aire con la forma del tan anhelado rifle. Él padre volteo a ver el rostro de su hijo y por primera vez en semanas le mostro una leve sonrisa, tomo aquella arma con unas manos temblorosas y deformadas por la artritis, lentamente comenzó a apuntar, desde el muro de los trofeos hasta donde se encontraba colocado el reloj cucú, justo cuando este comenzó a cantar que ya eran las 3 de la tarde, el hombre disparó su arma.

-Puummm – Tan largo como para que cuando callo, el cucú también lo había hecho. Regreso la mirada para ver a su hijo.

-Gracias hijo eres igual que tu madre. Siempre dejándome soñar. – Dijo mirándolo a los ojos y mostrando una alegría que parecía se había marchado hacía tiempo atrás. 

-Si papá, como con el león-cabra. ¿Lo recuerdas? 



El padre levanto su mano pidiendo a sus hijos que se acercaran. Cuando todos lo tomaron de la mano, les esbozo una sonrisa aun mayor a la anterior a cada uno de ellos y dejo que su cabeza se acomodara suavemente sobre el respaldo del sillón y lentamente cerro los ojos para soñar eternamente junto con su amada esposa.



Escrito por Ale ;)
27 / Julio / 2012

26 ene. 2015

Martha, La Asistente Del Jefe


Una mujer encorvada, algo bajita, pero trabaja con el afán de que no huera en el mundo nadie mejor que ella, solo existía un inconveniente en su persona, vivía con un miedo que le embargaba hasta en el alma.

Todo parecía que se le iba a derrumbar encima, no quería siquiera salir de su casa, pero las obligaciones diarias la hacían salir. Tenía una voz tan baja que solo los perros escuchaban. Lo bueno es que casi nadie llamaba a la oficina.

Cuando salía de casa a la oficina y de regreso, se la pasaba fijando en cada charco, cornisa y esquina que invadía su vista, siempre sentía que alguien la vigilaba que algo perturbador sucedería en cualquier momento. Su trabajo no estaba a más de 15 minutos en autobús, pero siempre los sentía como una eternidad, repasaba con la mirada a cada uno de los pasajeros, siempre en busca de algún maleante o algo parecido, pero siempre se topaba con miradas indiferentes y con las de algún curioso niño que la veía siempre como un objeto extraño, y así es como ella se sentía realmente.

Era toda una agonía, no tenía ni un momento en el que se pudiera olvidar del asunto, y su comportamiento extraño no solo se quedó para sus adentros, todos en el trabajo comenzaron a notar sus extrañeces, fácilmente se podían notar en los cuchicheos y los rumores que rondaban a su alrededor, algo que la ponía todavía peor cada vez que escuchaba alguno. Cuando escribía en su computadora se podían escuchar los clics de cada letra en toda la oficina, de tan fuerte que escribía. Y peor se ponía la cosa cuando le llevaba el café a su jefe, la taza temblaba peor que un chihuahua mojado en pleno invierno, y repiqueteaba peor que un maraquero, al final la taza llegaba a su destino solo con la mitad de su contenido.

Y fue un viernes, un día antes de la paga, un día de tormenta, cuando su jefe mando a llamarla, parecía que todos sabían lo que sucedería, todos menos ella. Por su cabeza solo pasaban las peores cosas, cosas inimaginables y factiblemente imposibles de que cosa podría suceder, parecía que hacía tiempo que la cordura había abandonado su cabeza.

Se sentó torpemente en la primera silla que se encontraba frente al escritorio y poniendo una mano sobre la otra para que dejaran de temblar. Solo se quedó viendo la ventana que estaba atrás de su jefe, viendo la lluvia caer y algunos truenos que iluminaban la habitación, de alguna manera tratando de aplacar a su conciencia con eso.

-Martha he tenido algunos inconvenientes con usted desde el primer día que entro a trabajar, por lo que he tomado una decisión…

Por Martha no dejaban de pasar los peores pensamientos, el sudor comenzó a correr por su frente, sus manos temblaban peor que nunca y luchaba consigo misma para tratar de evitar que se llevara las manos a la boca, también tenía la mala costumbre de morderse las uñas.

-Ya no es necesario que me traiga los cafés por la mañana, acabo de comprar una cafetera para mi oficia, pero el resto de tus obligaciones continuara igual que siempre. Es excelente el trabajo que haces con los documentos. Gracias Martha eso era todo, puedes retirarte.

Al salir ya varios la estaban esperando, algunos solo para darle ánimos, pero fue Antonia la recepcionista la que hablo antes que nadie.

-Ay Martha, pero eras tú y tus cosas raras, por eso el jefe te despi…- Cuando de repente los demás empleados callaron a Antonia.

-¿Pero qué les pasa?, si es la verdad- Dijo reclamándole a todos. Pero antes de que alguien pudiera decir algo Martha simplemente dijo con una voz seria y en un tono lo más normal que cualquiera le hubiera escuchado antes:

-El jefe se compró una cafetera nueva. - Todos al igual que ella se quedaron en silencio.


Y todo por una simple cafetera


Escrito por Ale ;)
09 / Julio / 2012

16 ene. 2015

Quiero Ser Como Los Demás


En algún lugar en otro planeta viva Ely, una niña un poco peculiar, su piel purpura resaltaba de entre la de sus compañeros de color magenta, se sentía triste de todas las burlas diarias, ya no aguantaba más esos malos tratos.
Ella había leído en una revista que al tomar la luz de la segunda luna justo a las 27Hrs. del día (por que en su planeta los días duran 30hrs.) durante 3 noches seguidas harían de cualquier piel la más radiante y magenta de todo el planeta, pues se decía que los poderes milagrosos de la segunda luna eran grandiosos. Esa misma noche Ely subió con un una frazada al techo de su casa, claro sin que su madre se enterara, coloco la manta sobre el techo y se recostó en ella, era la primera vez que se quedaba despierta tan tarde, ya solo faltaban 2 horas para que fueran las 27hrs., pero ella tenia tanto sueño que simplemente se quedo dormida antes de la hora. 

Despertó por el ensordecedor canto del ave multicolor de cuatro alas que suele rondar su casa todas las mañanas, bajo lo más rápido que pudo las escaleras para llegar a su habitación para que su madre no notara su ausencia, pero al escucharla caminar por el pasillo, Ely agarro toda velocidad y se metió lo mas rápido que pudo en su cama, lo que no le dio tiempo de parar por el espejo para admirar su nuevo tono de piel.

Debido a que era el tercer día de la semana (día de descanso en su mundo, al igual que el 4to. día), su madre ni siquiera paso por su cuarto, fue su swachiru el que subió su cama para agitarla tremendamente. Su swachiru era su mascota de 6 patas, de pelo verde y delgado, pero tan abundante que casi parecía una pelota con patas y una cola que se agitaba más que el motor de una locomotora. Él fue quien jalo de la frazada para dejar al descubierto el resultado de su experimento.

Ella a penas iba a frotarse los ojos para desperezarse de cualquier sueño que hubiera quedado de la noche anterior, cuando una masa azul apareció ante su vista, tardo un poco en darse cuenta que se trataba de su brazo superior izquierdo (por que como todos ella tenia 4 brazos). Salió corriendo al primer espejo que tenia cerca, en el baño, y observo pasmada aquel reflejo. La mitad de su cuerpo era azul, no era un azul purpura, o un azul obscuro que pasara como el purpura de su piel, era un azul eléctrico, que ni para su hermano pequeño pasaría desapercibido. Se dejo caer al suelo, acostada en el piso del baño con un simple pensamiento pasando por su cabeza


"¡Azul!, ¿Por qué tenia que ser azul?"


Salió del baño fijándose de que nadie la viera al pasar y fue directamente a su cuarto en busca de aquella revista de adolecentes donde había visto aquel articulo, solo que en esta ocasión vio que en la parte inferior del articulo había una nota en pequeñas letras negras (algo tonto por que normalmente escribían con letras amarillo canario) el cual decía:


NOTA: Recuerda que tiene que ser específicamente a las 27hrs. justo en el momento en que las otras lunas se ocultan y solo puedes ver a la segunda luna, y solo durante 1 hora, por que justo después es cuando es visible la tercer luna la cual causa un efecto opuesto a la segunda luna y a menos que sea temporada de carnaval, no querrás tener un tono de piel azulado.


Ely había hecho mal todas las indicaciones, se había quedado dormida toda la noche bajo los efectos de las diferentes lunas, y como ella ya era de por si purpura, con los efectos de la tercer luna se había puesto azul, y al parecer se había dormido de lado, ahora no solo era purpura, sino también era mitad azul para acabarla de amolar todo.  Ely pensó que ya nada podía ir peor, hasta el momento en que su madre le llamo para desayunar. No sabia que hacer, sabia que en el momento en que su madre viera lo que había hecho, la iba a colgar y lo primero que se le ocurrió fue decirle que no tenia hambre, aunque después pensó que hubiera sido mejor que se hubiera hecho la dormida.


-¡¿Cómo que no tienes hambre?!, ¡Bajas inmediatamente a desayunar, por que ya me mate haciéndote tu desayuno!

-¡Que no quiero nada! Gracias

-¡Elizabeth bajas ahora mismo ó voy en este mismo instante por ti! 



Ya no le quedaba de otra, ¿Qué hacer?, dio vueltas en el mismo lugar de manera nerviosa y observando todo lo que tenia alrededor por fin vio algo que le podía servir, tomo el primer suéter que vio, unos pants y un par de guantes y se alboroto el cabello verde lima para que le cubriera la cara, y bajo para que su madre no cumpliera con sus amenazas. 

Ely se sentó en el mismo lugar de siempre, donde un plato con comida ya la estaba esperando, su madre se encontraba sentada en el lugar opuesto de la mesa dirigiendo una oración al dios de su planeta junto con Festo, el pequeño hermano de Ely.  Ella solo inclino la cabeza imitando a su madre para continuar con la oración, aun que cuando terminaron ella no levanto la cabeza y comenzó a picar con el tenedor eso que había en su plato, era de un color grisáceo y tenia un olor dudoso.

-No empieces a quejarte - Le decía su madre- Yo seguí la receta al pie de la letra, además dicen que es un desayuno muy apropiado en niños en crecimiento como ustedes.

Tardo un poco, pero en cuanto se dio cuenta todas las prendas que tenía encima, su madre comenzó a preguntarle 

- ¿Por qué llevas todo eso?, ¿Qué es lo que sucede contigo niña?

- Solamente tenía frio anoche mamá – Dijo sin levantar la cabeza

-Bueno, en cuanto acabes de comer te vas y te cambias por que me da mucho calor el solo verte, además quiero que me acompañes a unos mandados. – Dijo su mamá mientras volvía a su plato.

Ely se había salvado, su madre le había prestado poca atención, ahora solo faltaba un plan para el resto del día. Continuo desayunando la cosa gris, que al masticar parecía como un chicle, después de cada masticada volvía a su forma original, prácticamente había que tragar entero cada pedazo. 

Por su cabeza paso la idea de que se quedaría ahí todo el día masticando aquella cosa, cuando de repente sintió un tirón en su pants, era swachiru, que como siempre le gustaba jalar de la ropa de Ely, pero en esta ocasión Ely quería evitar a toda costa que su ropa se moviera ni un milímetro, por lo que intento alejarlo con su mano inferior izquierda, pero swachiru le dio un mordisco en la mano quitándole el guante

-¡No le des de comer a swachiru!, tanto me tarde cocinándoles, para que termines dándoselo a swachiru

Fue Festo el que dejo escapar un suspiro de decepción al escuchar eso, mientras que Ely se quedo petrificada viendo como swachiru se alejaba con el guante en la boca

-Ya lo vi, esta masticando algo, pongan las manos en la mesa y ya no le den nada, él tiene su propia comida

De mala gana Festo puso sus cuatro manos en la mesa y con cara de amargado continuo masticando su comida, Ely solo puso 3 de sus manos sobre su mesa, todas juntas y dejando su cuarta mano oculta bajo la mesa y rogando por que su mamá no se diera cuenta

-Niña, la otra mano, ya no escondas nada - Lo dijo con una mirada retadora. Ely tomando un respiro muy profundo y sin alzar la mirada, solo puso la mano sobre la mesa, ya con el pensamiento de que en cualquier segundo su madre le gritaría

-¡¿PERO QUÉ HICISTE?! Grito tan fuerte que hasta el árbol dormilón de afuera despertó de golpe. Su mamá se levanto rápidamente para quitarle el cabello verde enmarañado que le cubría la cara, para dejar al descubierto un rostro mitad azul, mitad purpura.

-¿Qué has hecho? – Le dijo ya sin gritar. Lo volvió a repetir su madre que era de color magenta con cabello color violeta.

Ely balbuceo algunas cosas, pero sin lograr decir nada en específico, estaba nerviosa, no sabia lo que su madre le haría al respecto. Mil veces ya le había dicho que ser purpura no tenia nada de malo, es lo que la hacia especial, pero para Ely especial solo significaba ser diferente. Finalmente logro componer una simple oración: - Seguí una revista -

-¿Y que diantres decía?, ¡¿Cómo irritar a tu madre en un santiamén?!

-Como ser magenta – Dijo Ely sin dejar de mirar los mosaicos del piso y con un hilo de voz. Por casi un minuto todo en la casa se quedo en silencio, hasta el estruendoso sonido de Festo ahogándose interrumpió todo. Se había tratado de tragar un gran trozo de la cosa gris y simplemente no pudo, fue finalmente que tosiendo logro sacarlo de su garganta.

-Muéstrame la desdichada revista – Dijo su madre mientras estiraba una de sus manos en señal de estar esperando la revista. Ely dando un resoplido se levanto de la mesa para ir en busca de la desdichada revista.

Cuando regreso a mostrarle el artículo de la revista, su madre se estaba dando golpecitos en la frente con los ojos cerrados y diciendo -Si mi madre bien me lo dijo…

-Aquí esta – Dijo Ely con un poco de miedo al interrumpirla y le dio la revista abierta en la pagina donde venia esa nota que le había traído tantos problemas. Su madre la tomo y comenzó a leerla y de repente solo soltó un suspiro, con el que asusto a Ely, mientras que Festo aun continuaba atacando a la comida de su plato

-Lo bueno que solo hiciste eso, solo voy por unas cosas y… Quítate ese suéter por favor, ahora regreso, cuida de tu hermano. -

Ya se le había olvidado de toda la ropa que traía encima, se quito el suéter, pero de repente escucho un ruido extraño. Ely miro extrañada a su hermano en busca de una respuesta. Era su hermano que otra vez tenia problemas con la comida, cuando logro tragarse el pedazo de comida que traía atorado y se empezó a reír 

-¿Qué te pasa? – Le dijo Ely a su hermano.

-¡Eres mitad AZUL! – Y solo se siguió riendo. Durante todo el conflicto se la paso peleando con la comida, tratando de masticar aquella cosa gris y el apenas veía por primera la mitad azul de su hermana mayor, la cual solo le lanzo una mirada de “¿En serio?”

Su madre regreso con mil cosas entre sus cuatro brazos y con un simple movimiento de la cabeza, le señalo a Ely que la siguiera. Ely se levanto y arrastrando sus pies comenzó a seguir el rumbo que había tomado su madre, pero repentinamente

-¡Hey! ¿Y yo que?, yo también quiero ver como te regañan

-Festo tu acábate tu desayuno, que ahora bajo – contesto su madre desde las escaleras

-Haaaa – contesto triste y desanimado el mientras se volvía a sentar de mala gana en la mesa

Cuando Ely llego al baño de la planta alta miro extrañada a su madre, que se encontraba sentada en una silla a un lado de la bañera, mientras en una mano tenia un librito que parecía escrito a mano, en el resto sostenía varias botellitas de distintos tamaños, formas y colores, las cuales fue vaciando de a poco en la bañera, formando una especie de arcoíris liquido en interior de la tina. La que más la asusto a Ely fue una botella roja enorme 

-¿Y que es lo que vas a hacer con todo eso?

-Pues tu remedio, a menos que quieras seguir azul durante las siguientes 2 semanas

-¡NO!- Dijo asustada. - Digo que no quiero seguir azul – Dijo después de ver la mirada de su madre. Y ya una voz casi como susurro - ¿Y que es lo que tiene esa gran botella roja? -

-¿Qué?

-¿Qué que es lo que tiene la botella roja?- Dijo ya con una voz normal. Lo que menos quería es que se enojara mas su mamá

-Entre todo, es un remedio de tu abuela, y algunas cosas es mejor que no sepas lo que son.

“¿Qué?” – Pensó Ely – “Con que no me haga beberlo, ya con el desayuno es suficiente de cosas extrañas por el día de hoy.”

-¿Y que es lo que tengo que hacer para quitarme lo azul? - Le pregunto a su madre

-Pues es simple, solo tendrás que quedarte – Reviso el libro – De entre 8 a 10 horas para bajar el tono azul de la piel.

-¡¿QUÉ?!

-Que si te quieres quitar lo azul te vas a quedar ahí metida de 8 a 10 horas.

-Sí mamá – Dijo Ely de manera casi automática. Completamente desmotivada y sin emociones

-Lo siento, no tomes esto como un castigo, pero de alguna forma tienes que entender que para que los demás te quieran, primero debes quererte a ti misma por quien eres. Deja de intentar ser como los demás y comienza a ser tú misma, deja de darle importancia a los que los demás dicen y preocúpate más por tu propia opinión. – Le dijo su mamá mientras le quitaba un mechón de cabello de la cara.

Ely se metió a la bañera y paso ahí la mayor parte del día pensando en lo que le había dicho su madre. Cuando ya habían pasado 9 horas vio que su piel ya estaba del color de siempre, tomo una ducha y se quito la mezcla rara de encima y bajo a la cocina por algo de comer, no había desayunado nada debido a todo este embrollo y tenía mucha hambre, pero una escena muy rara la recibió al llegar a la cocina.

Festo estaba en el suelo de mosaicos naranja y azul de la cocina, luchando con Swachiru por la masa gris que habían tenido por desayuno. Al parecer nadie había bajado a vigilarlo en todo el tiempo que había pasado.

- - Fin - - 


Escrito por Ale ;)
16 / Abril / 2012

14 ene. 2015

Una Gabardina Aqua...


Cuando salió, parecía que era de noche, pero en realidad era medio día. La tormenta había llegado hasta su puerta, el viento y la lluvia no habían cesado desde hacía 2 días. Ya no le encontraba sentido a su vida, recién había perdido un trabajo que por mucho tiempo pensó que era el trabajo de sus sueños, pero por un simple error, casi había llevado a la empresa a la banca rota y entre ser demanda a ser despedida, prefirió ser despedida. Además de que su novio de los últimos 4 años, la había dejado sin darle alguna explicación, después lo entendió cuando lo vio besándose apasionadamente con otra chica. 

Estuvo a punto de tomar un paraguas borgoña que se encontraba a un lado de la entrada, pero no se sentía con ganas de llevarlo, prefirió dejar que la lluvia la mojara, antes de que algún rayo le diera directo, en algún momento llego a pensar que ese sería uno de los tantos castigos que su mala suerte atraería. 

Salió 2 horas antes para tener tiempo de caminar y meditar sobre su vida. Dentro de su gabardina aqua, la cual tenía meses sin usar, llevaba un par de hojas del periódico del domingo en donde tenía varios anuncios de empleo marcados en círculos con un marcador purpura. Estuvo tentada a sacar varias veces las hojas del periódico, pero las gotas de lluvia impactaban con tal velocidad, que temía que fueran a borrarse las direcciones que necesitaba. 

En cuanto subió al autobús que la llevaría al centro, tuvo la libertad de sacar aquellas hojas y releer las direcciones. Se sentó junto a la venta, era una de las cosas que más le gustaba, ver el paisaje que la ciudad tenía que mostrarle. Decidió que ese no sería un buen día para entrevistas, con la suerte que tenía, era mejor aceptar el rechazo antes que se lo dijeran en su cara, lo más probable es que le recordaran lo que había sucedido en su trabajo anterior. 


Se bajó en una de las calles más concurridas del centro, decidió parar por un café para calentarse un poco antes de regresar a casa, aprovechando el viaje ya realizado, pero resulto que ya no tenían de su esquicito café en la cafetería de la esquina, pensó que todo se debía a su mala suerte como siempre, pero por lo menos obtuvo un chocolate caliente junto con un panecillo gratis por la falta del café, guardo el panecillo en su bolso y tomo el vaso de chocolate entre sus manos para calentarse. 
Cuando salió de la cafetería, un par de ojos llamaron tanto su atención que no pudo dejar de mirarlos. 


Se encontraban en el callejón que daba justo a una de las entradas a la cafetería, salió por esa puerta por que la gente tenía llena la otra puerta, pero debido a las nubes negras del cielo, el callejón parecía tan oscuro, que lo dudo mucho antes de adentrarse en el para llegar hasta donde se encontraban aquellos ojos. Solo los había visto por un instante, pero sentía la necesidad de llegar hasta ellos. Se escuchaban unos sollozos, pero lo único que encontró fue una caja de cartón que estaba a punto de desbaratarse por el agua, se agacho para ver su interior y lo que encontró la sorprendió más de lo que hubiera esperado.

Podría haberse encontrado con cualquier cosa dentro de aquella caja, pero con lo que se topo fue con una pequeña bola de pelos completamente enlodada, era un cachorro temblando y empapado por la lluvia. Lo más rápido que pudo se quitó la gabardina, dejando caer las hojas de periódico que tanto había cuidado, tapo al cachorro y lo llevo cargando al interior de la cafetería.

Los clientes que entraban y salían rápidamente del local no se percataron de aquella escena, ella simplemente se sentó en uno de los sofás del fondo, aún tenía el panecillo y el chocolate caliente, a pesar de que el pequeño seguía temblando, ella no lo pensó dos veces antes poner un poco del chocolate en la tapa del mismo y dárselo de tomar al pequeño, que ya se comenzaba a entibiar.

Dejo que el pequeño lamiera toda la tapa, mientras comenzó a observar hacía la calle, en busca de alguien preocupado en busca del pequeño, pero lo único que noto fue que todos corrían de aquí para allá como hormigas para evitar mojarse, y llegar impecables a sus trabajos. Cuando volvió la mirada hacia el pequeño, este ya se estaba tragando el panecillo que había dejado sobre la mesa, dejo que se lo comiera, mientras la risa le ganaba, parecía un perrito encantador.

“Yo quejándome de problemas tan vánales, mientras el tan pequeño, ya sufría de hambre y frio, sin nadie en que apoyarse, y a pesar de todo eso el aun mueve su colita solo por un simple panecillo. Supongo que todo depende de cómo se vean las cosas. Y yo solo me he pasado viendo las cosas malas”  Pensó ella.


Cundo regreso la mirada, el perrito ya estaba a punto de comerse el papel que había envuelto al panecillo, pero ella se lo quito rápidamente aunque él siguió al papel con la mirada, trato en varias ocasiones atraparlo con la boca, pero no lo logro.

Ellas estaba decidida a llevárselo a su casa, solo que había un problema, la parada de autobús, estaba a cuadra y media, la lluvia no había parado y su gabardina estaba cubierta en el interior por el lodo del perrito. Estuvo a punto de maldecir nuevamente por su suerte, pero recordó que ya debería de dejar de ver el mal en todo lo que le sucedía, el cachorro lo merecía más, sino lo hubiera tapado, el aun seguiría temblando de frío. 

Lo envolvió como si se tratase de un bebe y ya no le importó si ella se mojaba, solo que en cuanto abrió la puerta de la cafetería, la lluvia ya estaba cesando, aún se podían ver las nubes negras, pero de alguna forma los rayos del sol comenzaron a travesarlas como lanzas, iluminando por partes a la ciudad.


En ocasiones los amigos llegan de maneras inesperadas, para alegrar los peores días.




Escrito por Ale ;)
20 / Noviembre / 2011

12 ene. 2015

Un Sueño O Pesadilla...



Acababa de despertar como de un trance, estaba de pie frente a unas puertas de cristal tratando de forcejear para salir, afuera estaba en completa obscuridad, no se podía ver más allá de la banqueta, la misma calle se difuminaba con la negra obscuridad, cuando giro para ver donde se encontraba, diviso una fila de lámparas que colgaban del techo, pero solamente una lámpara era la que iluminaba tenuemente el interior del local, pareciera que se habían olvidado de apagarla.

En las paredes había varios juegos de repisas, todas llenas de manos con uñas de mil colores, largas, cortas, con brillos, sin brillos, ralladas, con dibujos, color nácar, tornasol. Eran cientos, todas fijas, con sus dedos apuntando hacia el techo para mostrar las uñas a todo aquel que entraba, todas mirando al centro del local.

Dentro de aquel lugar también había varios escritorios, tan blancos como los muros, con cajoneras transparentes, todos llenos con esmaltes de uñas de varios colores y un par de sillas para cada mesita.

Era un lugar lúgubre a media luz y más para una niña de 10 años, trato de buscar los interruptores para encender el resto de las lámparas, busco entra las mesas y en las paredes, cerca de la puerta, pero nada. Se escuchó un ruido del otro lado del local, algo había caído causando un susto en la niña, al voltear para ver qué es lo que había sido, no vio nada, todo parecía estar en su lugar, quiso ir hacia donde había escuchado, pero el mido la paralizo, se dijo a si misma que no era nada, su imaginación estaba jugando con ella, continuo palpado la pared en busca del interruptor o hasta las llaves de la puerta para salir, cuando se escuchó un estrepitoso ruido del triple de la vez anterior, pero esta vez al voltear se percató que de uno de las repisas faltaban varias manos, ahora era obvio el espacio vacío en la repisa.

Trago saliva y comenzó a dar varios pasos temblorosos en dirección de la repisa, pero a medio camino se detuvo, su corazón palpitaba demasiado rápido, no quería enfrentarse sola a lo que fuera que estaba con ella en aquel local, se dejó caer al suelo y abrazo sus piernas colocando su rostro sobre sus rodillas emitiendo leves sollozos, pero de repente se comenzaron a escuchar “clac, clac, clac” junto a las paredes y cuando ella levanto su cabeza, pudo observar como todas las manos comenzaban a caer al suelo.

Ella aun sentada se alejó lo más que pudo de las paredes, volviendo a encontrarse en las puertas de cristal, se levantó, tratando de abrirlas, forcejeando nuevamente, pero algo cambio, la única lámpara que iluminaba comenzó a bailar, su luz comenzó a iluminar cada rincón de manera oscilante y cuando ella se dio vuelta para ver lo que sucedía, la única luz se apagó.

Solo se escuchó un grito ahogado de la niña, el miedo se había apoderado de ella, la obscuridad reinaba, ni siquiera la luz de la luna la iluminaba. Ahora se escuchaban miles de “clac, clac, clac” por todas direcciones.

De lo poco que logro ver entre tanta oscuridad, era las manos caminando como arañas gigantes por el piso de aquel local, una de ellas era la que se había logrado subir a la lámpara y provoco que esta se balanceara de un lado a otro. La niña no sabía qué hacer, no tenía por donde irse, estaba encerrada junto con cientos de manos vivientes y por si fuera poco el gran miedo que les tenía a las arañas ahora se estaba convirtiendo en fobia.

Se sujetó fuertemente a las manijas de las puertas y apoyo su frente en uno de los cristales mientras se continuaba escuchando el “clic, clac, clic, clac”

Por un momento abrió los ojos y un reflejo en el cristal le mostro el reflejo una luz, era como el marco de una puerta que se podía ver como se abría, y sin soltar las manijas, volteo para terminar viendo como las mismas manos abrían una pequeña puerta, de no más de un metro de altura, que se ocultaba en la pared del fondo. Cuando terminaron de abrirla, la luz que provenía de la puerta ilumino un pequeño sendero que habían creado las propias manos, todas se habían apilado hacia los lados, para dejar un camino que iba directo a la puerta.


Tenía miedo y su corazón le exigía que no soltara la puerta, pero su mente la obligaba a ir hacia la puerta para salir de aquel lugar, y nuevamente con pasos temblorosos y soltando lentamente las manijas, se fue acercando a la pequeña puerta, pero cuando se encontraba a medio camino de llegar escucho un extraño sonido proveniente de atrás de ella, volteo para inspeccionar. Algunas manos habían abierto las puertas delanteras del local y a la lejanía se podía ver un farol iluminando la calle en medio de la obscuridad, algunas manos le indicaban que regresara, que ya habían abierto la puerta, mientras que otras comenzaron a empujarla y jalarla para que continuara hacia la pequeña puerta, quiso regresar, algo dentro de ella le indicaba que afuera sería mejor, pero las manos comenzaron a jalarla de tal modo que la derribaron al suelo.

Las manos que habían abierto las puertas delanteras trataron de ayudarla para zafarse, pero eran pocas en comparación con las que la jalaban hacia la pequeña puerta. Las otras manos la empujaron por la pequeña puerta de la pared, haciéndola caer por un túnel y mientras que la gravedad realizaba su trabajo, ella gritaba desesperadamente por su vida.

Había muchos ruidos extraños que se escuchaban mientras caía, pero una voz comenzó a sobresalir entre todos los demás. Una voz reverberante y muy profunda comenzó a preguntar “¿Alguna duda?”
Sintió el golpe del final de una larga caída, lo que la hizo reaccionar, se encontraba sentada en su banca, dentro del salón de clases y gracias a que se sentaba hasta atrás, nadie pareció haberse percatado de que se había quedado dormida.

-Bueno, pueden retirarse y recuerden realizar sus deberes.- Dijo la maestra mientras la mayoría salía corriendo del salón con sus mochilas al hombro.


La niña tomo sus cosas y salió del salio cabizbaja meditando acerca de lo sucedido. Al llegar al estacionamiento se encontró con su madre esperándola en el auto de la familia y en cuento subió junto con sus cosas, su madre le pregunto de la manera más alegre:

-¿Qué te parecen?, me las acaban de pintar- Le dijo mientras le mostraba sus uñas recién retocadas.


- - FIN - -


Escrito por Ale ;)
7 / Julio / 2011

9 ene. 2015

Un Recuerdo



Durante una noche de invierno, en medio de una calle poco transitada y cubierta por una capa de nieve, que aún continuaba cayendo, se encontraba una pareja, justo debajo de la luz de un farol. 
Se habían topado por casualidad, porque el destino así lo quiso. 



Ella apenas saliendo de su casa, mientras él iba a buscarla, recientemente habían tenido un gran conflicto. Él le llevaba un ramo de rosas rojas para pedirle perdón y enmendar las cosas, pero ella ya estaba harta de lo mismo, siempre con flores él trataba de sanar a un corazón lastimado.
No hicieron más que mirarse, sin decir palabra alguna durante varios minutos, en medio de esa calle, ni un ruido se escuchaba. 



Con eso le basto a ella para tomar una decisión. Y eso le indico a él que ya la había perdido.




“Todavía puedo ver aquella calle iluminada solo por un par de faroles y un millón de copos de nieve cayendo a nuestro alrededor. Te marchaste con un paso lamentable, como tratado de detener el tiempo. Todavía puedo ver aquel ramo de rosas rojas resbalándose de tu mano y cayendo entre la nieve de la calle. Y aunque no la vi, aun puedo sentir aquella cálida lagrima corriendo por tu mejilla. Aun puedo sentir como mi corazón te gritaba regresa, mientras mi mente lo trataba de apaciguar.

Sé que te hice sufrir aquella noche, pero también sé que no nos merecíamos el uno al otro. Fue una noche fría, la más fría que mi corazón había sentido. Y a la mañana siguiente, ver aquella solitaria rosa en la puerta de mi casa, fue lo que me indico que nunca más te volvería a ver.”




Escrito por Ale ;)
03 / Junio / 2011

8 ene. 2015

Cuentos


Y como les prometí comenzare a publicar todos mis cuentos nuevamente... ¬¬

Si, publicare nuevamente todas aquellas historias escritas por mi, aunque parezca repetitivo, pero es que hace tiempo que tenia ganas de hacerlo, para releerlos y ademas editar donde me parezca que necesario.
Iré poniéndolas en el orden cronológico que yo las había publicado, poniendo al final de cada uno la fecha original en que los había publicado.
Son solo para recordar y ya no tenerlos por pedazos, sino que cada cuento tenga su propio post

Sin mas que decir los dejo con los cuentos del mes de enero

Saludos ;)