30 ene. 2015

La Pequeña Princesa


























Había una vez una pequeña niña, quien creía fervientemente que ella era una princesa, que como en muchos de los cuentos de hadas, haba sido alejada de su castillo por algún maléfico villano que solo quería verla sufrir.

Solo existió una ocasión en su vida cuando menciono de manera pública sus pensamientos, delante de todo su salón de clases del tercer grado del jardín de niños, lo dijo de corazón, sin ánimos de presumir, pero si para dejar salir su sentir. El resto del salón no lo tomo con la seriedad que ella esperaba, se burlaron y rieron de ella hasta que el olvido gano la batalla.
La niña se defendió en distintas ocasiones, uso las palabras como su único escudo y dejo que ellos se quedaran solos con sus ideas y burlas.


En casa ella realizaba todas las tareas que le encargaban, incluso sacar la basura y limpiar los platos de los fines de semana, sin quejarse y sin chistar, simplemente lo hacía, pero deseando muy en su interior que un día llegara alguien diciendo y gritando de alegría “que ella era la princesa”, que “por fin habían encontrado a su princesa” y que a partir de entonces ella seria tratada como correspondía. Pero los días pasaban y esa persona no llegaba. Poco a poco la niña fue dejando de creer tan ferviente en ese sueño, comenzó a pensar que después de tanto tiempo tal vez en aquel reino ya se habían cansado de buscar a su princesa. Continuo su vida sin un sueño al que aferrarse, su cuarto paso de un tierno rosa pastel a un frio gris pálido y la curva de su sonrisa se convirtió en una simple línea recta que adornaba su cara.
Al pasar los años ella fue olvidando aquel sueño de su infancia, se convenció a si misma que no era otra cosa más que una persona ordinaria y sin chiste, que solo había llegado a este mundo para ser un punto más en un mar de gente sin un propósito alguno. Se dejó llevar por esos pensamientos, vivía en la rutina del día a día, dejo de importarle en absoluto lo que los demás dijeran, fuera positivo o negativo, simplemente no le importaba nada, dejo de defender aquel sueño que cuando niña había sido su inspiración para seguir adelante. Los colores dejaron de tener vida ante sus ojos, ya todo parecía gris y apagado.


Así siguió, cada día era exactamente igual que el anterior, sin ningún cambio en lo más mínimo, hasta que un día, un curioso se acercó a su vida. Siempre tenía preguntas tontas de todo tipo y contando chistes para hacerla sonreír, pero la línea recta simplemente no se movía de lugar. Era algo extraño para ella, normalmente todos se terminaban alejando al ver cuán apagada podía ser, estaba acostumbrada a eso, pero él seguía insistiendo, todos los días con alguna novedad u objeto extraño para mostrárselo, con sus preguntas y sus chistes.
Se había decido, ese día lo sacaría de su vida, le diría que la dejara en paz, que no había motivo alguno para que el continuara con lo mismo. Pero un instante antes de hacerlo un pensamiento corrió por su cabeza: "¿Por qué se esmera tanto?, ¿Por qué se esfuerza tanto en mí cuando nadie más lo había hecho antes?" Continúo con su paso decidido.


Él se encontraba sentado en una mesa al fondo del salón escribiendo algo en una libreta, lo interrumpió, pero en lugar de hacer lo que toda la mañana había planeado hacer, le dijo aquellas preguntas que recientemente habían invadido su mente. El chico levanto la mirada y la vio a los ojos antes de responderle.

-Siempre me has gustado, te recuerdo de niña cuando dijiste frente a todos de manera tan sincera, cuando creías con todo tu ser que eras una princesa y el cómo te defendiste ante los demás con tus palabras, el cómo defendiste aquel sueño. Yo aún veo a esa pequeña niña en tus ojos, a esa determinada niña que luchaba por sus sueños sin importar lo que los demás dijeran.

La bella durmiente despertó de su letárgica pesadilla. La sonrisa volvía a aparecer lentamente de entre sus labias, mientras él le continuaba diciendo.

-Nunca te dije nada, porque jamás me sentí que pudiera ser correspondido, pero yo ya no podía más, el ver como tu sonrisa se esfumaba y tú te apagabas con ella. Sé que no tengo un castillo, ni una corona para ofrecerte, pero de verdad deseo que te conviertas en aquella princesa que alguna vez dijiste ser.

Los colores volvieron a la vida, el corazón palpitaba acelerado. Una chispa le había devuelto la vida, sus sueños, esperanzas y emociones volvían a renacer. Lo único que había necesitado todo este tiempo era a alguien que creyera junto con ella en sus sueños, que le diera ánimos y que le dijera que creía en ella.




Escrito por: La pequeña Ale ;)
La que ama todos los colores 
01 / Diciembre / 2012

1 comentario:

  1. hay que seguir a pesar de los obstáculos con los sueños intactos, hasta convertirlos en realidad. Te quedó hermoso.
    Beso de anís.

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Nunca dejes de Soñar, pues así es como se logra Inventar ;)