Trago saliva y comenzó a dar varios pasos temblorosos en dirección de la repisa, pero a medio camino se detuvo, su corazón palpitaba demasiado rápido, no quería enfrentarse sola a lo que fuera que estaba con ella en aquel local, se dejó caer al suelo, abrazo sus piernas y coloco su rostro sobre sus rodillas emitiendo leves sollozos, pero de repente se comenzaron a escuchar “clac, clac, clac” junto a las paredes y cuando ella levanto su cabeza, pudo observar como todas las manos comenzaban a caer por si solas al suelo.
Ella aun sentada se alejó en reversa por el piso lo más que pudo de las paredes, volviendo a encontrarse en las puertas de cristal, se levantó y volvió a forcejear con la puerta, pero en esta ocasión la única lámpara que iluminaba comenzó a bailar, su luz comenzó a iluminar cada rincón en variadas ocasiones y cuando ella se dio vuelta, esta se apagó, lo unico que se escuchó fúe un grito ahogado de la niña, el miedo se había apoderado de ella, la obscuridad reinaba, ni siquiera la luz de la luna la iluminaba. Ahora se escuchaban miles de “clac, clac, clac” al mismo tiempo.
De lo poco que logro ver era que las manos habían cobrado vida y caminaban como arañas gigantes por el piso de aquel local, una era la que se había logrado subir a la lámpara y provoco que esta se balanceara de un lado a otro. La niña no sabía qué hacer, no tenía por donde irse, estaba encerrada junto con cientos de manos vivientes y por si fuera poco el gran miedo que les tenía a las arañas ahora se estaba convirtiendo en fobia.
Se sujetó fuertemente a las manijas de las puertas y apoyo su frente en uno de los cristales mientras se continuaba escuchando el “clic, clac, clic, clac”. Por un momento abrió los ojos y un reflejo en el cristal le mostro una luz, era como el marco de una puerta que se podía ver como se abría, y sin soltar las manijas, volteo para terminar viendo como las mismas manos abrían una pequeña puerta, de no más de un metro de altura, que se ocultaba en la pared del fondo. Cuando terminaron de abrirla, la luz que provenía de la puerta ilumino un pequeño sendero que habían creado las propias manos, todas se habían apilado hacia los lados, para dejar un camino que iba directo a la puerta.
Ella aun sentada se alejó en reversa por el piso lo más que pudo de las paredes, volviendo a encontrarse en las puertas de cristal, se levantó y volvió a forcejear con la puerta, pero en esta ocasión la única lámpara que iluminaba comenzó a bailar, su luz comenzó a iluminar cada rincón en variadas ocasiones y cuando ella se dio vuelta, esta se apagó, lo unico que se escuchó fúe un grito ahogado de la niña, el miedo se había apoderado de ella, la obscuridad reinaba, ni siquiera la luz de la luna la iluminaba. Ahora se escuchaban miles de “clac, clac, clac” al mismo tiempo.
De lo poco que logro ver era que las manos habían cobrado vida y caminaban como arañas gigantes por el piso de aquel local, una era la que se había logrado subir a la lámpara y provoco que esta se balanceara de un lado a otro. La niña no sabía qué hacer, no tenía por donde irse, estaba encerrada junto con cientos de manos vivientes y por si fuera poco el gran miedo que les tenía a las arañas ahora se estaba convirtiendo en fobia.
Se sujetó fuertemente a las manijas de las puertas y apoyo su frente en uno de los cristales mientras se continuaba escuchando el “clic, clac, clic, clac”. Por un momento abrió los ojos y un reflejo en el cristal le mostro una luz, era como el marco de una puerta que se podía ver como se abría, y sin soltar las manijas, volteo para terminar viendo como las mismas manos abrían una pequeña puerta, de no más de un metro de altura, que se ocultaba en la pared del fondo. Cuando terminaron de abrirla, la luz que provenía de la puerta ilumino un pequeño sendero que habían creado las propias manos, todas se habían apilado hacia los lados, para dejar un camino que iba directo a la puerta.

A lo lejos se escuchó “¿Alguna duda?”, haciendo un eco en la última “A”. Callo de sentón en su banca haciéndola reaccionar muy repentinamente, se encontraba en el salón de clases y gracias a que se sentaba hasta atrás, nadie se percató de que se había quedado dormida.
-Bueno, pueden retirarse y recuerden realizar sus deberes.- Dijo la maestra mientras la mayoría salía corriendo del salón con sus mochilas al hombro..
La niña tomo sus cosas y salió del salio cabizbaja meditando acerca de lo sucedido. Al llegar al estacionamiento se encontró con su madre esperándola en el automóvil y en cuanto subió junto con sus cosas su madre le pregunto:
-¿Qué te parecen?, me las acaban de pintar- Le dijo mientras le mostraba sus uñas.
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